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El cáncer como una enfermedad
terminal, desde el momento del diagnóstico trae consigo
grandes consecuencias no sólo de la salud física, también
en el aspecto social, económico y psicológico del paciente y sus familiares. Iras, incertidumbres, frustraciones, ansiedad, depresión, son
entre otras, parte de las secuelas emocionales comúnmente asociadas a la
patología. Es por esto que surge la Psicooncología como un área a nivel científico
que atiende las necesidades psicológicas en los pacientes de cáncer
La Psicooncología es una rama de la Psicología Clínica, cuya práctica tiene como toda rama de la psicología parámetros normativos que la rigen, para que ésta pueda lograr su cometido de la manera más efectiva a aquellos que requieran de sus bondades.
Un psicooncólogo debe haber
estudiado previamente la psicología clínica, y contar con la documentación
necesaria exigida por cada país para el ejercicio de la profesión. Es un
psicólogo, no un médico, por lo que no se espera de éste que recurra a técnicas
médicas para las cuáles no ha sido entrenado o que traspasan el quehacer
psicológico a un campo más médico.
El trabajo de un psicooncólogo se
realiza dentro de un equipo multidisciplinario que incluye a los oncólogos,
enfermeros, nutriólogos y fisiólogos. La función del psicooncólogo no es sinónimo de la
función del oncólogo, y menos (aunque traten un mismo mal) de la función
psiquiátrica, cuya alternativa terapéutica para los síntomas emocionales es
recurrir a los psicofármacos. De pasar estas fronteras científicas un
psicooncólogo pondría en riesgo la vida de un paciente, que aunque padezca una
enfermedad términal, sigue vivo.
Pareciera ya innecesario después
de un diagnóstico de cáncer la intervención exitosa de un profesional en la
salud mental, sin embargo dentro de este padecimiento, el psicooncólogo se
lanza a producir mediante métodos psicológicos una mejor calidad en la vida del
paciente con cáncer, lo cual es posible gracias a las técnicas de relajación, a
la musicoterapia, la desensibilización sistemática, a las técnicas de
autocontrol, de autoseguridad, a las terapias de pareja, terapia familiar,
técnica de autoimagen positiva y otras más, que se utilizan adaptándose a la
problemática que enfrenta un paciente de cáncer.
El psicólogo especialista en los
pacientes con cáncer, hace un voto de confidencialidad, que implica mantener en
absoluto silencio las informaciones personales de su paciente, obtenidas
durante su trabajo, a excepción de contar con su aprobación y consentimiento, o que de saberse la
información dependa la vida del paciente, o que éste último ponga en riesgo la
vida de los demás.
La confidencialidad, inspira la
confianza necesaria para que un paciente se abra al trabajo de su terapeuta,
además de que proporciona el debido respeto a la integridad humana del paciente
de cáncer.
En su práctica, el psicooncólogo
debe velar en todo momento para que se cumplan y se mantengan los derechos
humanos en sus pacientes. Estando dispuesto a denunciar torturas o prácticas
médicas con intenciones claramente homicidas por ejemplo, o cualquier otra
situación que implique una violación a la integridad humana.
Las normas, los valores, y las
ciencias dan importancia al bienestar de los pacientes con cáncer, y la
práctica de estos depende de la virtud del profesional para ejercerlos.

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